Hiro


Estaba solo, la sombra corrió y corrió entre la espesura de la jungla. A su espalda se libraba una batalla en la que los suyos perderían, si le hubieran dicho lo que encontraría en aquella selva, ni por todo el oro del mundo hubiera ido; pero ahora era demasiado tarde.


Con una simple espada, el explorador siguió hacia delante sin importarle a donde, solo quería huir de la masacre que se estaba haciendo a su espalda; una emboscada de unos seres mitad hombre mitad lagarto, les había atacado a su regimiento y a él mientras exploraban la jungla, parecía que solo él había escapado, pero seguro que los lagartos no le dejarían huir. Corrió tanto como pudieron sus piernas, hasta llegar a un claro donde ya no se oía la batalla; seguro que había terminado ya.


El druchii paró a descansar, le ardía la frente y estaba muy fatigado; por primera vez en mucho tiempo volvía a acordarse de la palabra miedo.
De repente un dardo salió de la maleza y fue a parar al brazo izquierdo del elfo provocando un ligero dolor; con un rápido movimiento se lo quitó y se puso en postura de ataque, por lo menos se llevaría a cuantos pudiera consigo. Una pequeña criatura saltó de entre la jungla y se paró frente al explorador.

 

Sus ojos se entrecruzaron un instante y el druchii cargó contra el lagarto con un profundo grito; solo hizo falta una simple estocada para derribar al eslizón. El elfo oscuro sonrió, pero a su vez se llevó la mano al brazo recordando el dardo, parecía que no le había hecho nada...

La sombra continuó su camino entre la jungla pero esta vez a un paso mas lento; el brazo cada vez le dolía mas, pero tan solo pensaba en encontrar otro regimiento de elfos al que unirse. Tras lo que parecieron horas, el druchii se desplomo; su brazo estaba morado debido al veneno y tenía fiebre.
De repente una corpulenta criatura se le puso en medio, este era más grande que el pequeñajo que le había atacado antes; era igual a los de la emboscada. Entre la maleza aparecieron mas lagartos que enseguida le rodearon.


Uno de ellos alzó su espada pero antes de que la bajara para acabar con la vida del elfo, pero este ignorando todo el dolor que llevaba acumulado se levantó con una velocidad increíble para clavar su espada en la garganta del lagarto; sin que a los otros reptiles les diera tiempo a reaccionar; abrió en canal a otro y traspasó el torso del otro. El último que quedaba cargó contra el explorador, el lagarto saltó hacia su rival y este esquivando su ataque y poniéndose en la retaguardia del lagarto; le clavó su espada profundamente.

Empapado de sangre, pero ileso; el druchii se rió a carcajada, pero se calló cuando una última criatura apareció antes él; era otra de las pequeñas y esta iba desarmada. Fue cuando iba a levantar su espada, cuando su vista se empezó a nublar; sus brazos empezaron a flaquear hasta que hicieron caer su espada y sus piernas cedieron para caer de rodillas.


El eslizón se acercó lentamente a su enemigo y le susurró algo en un acento forzado de la lengua común.


- La jungla jamás será profanada.


El elfo cayó al suelo, el efecto del veneno al fin había tenido efecto.

El eslizón dio la espalda a su moribundo rival, no estaba muerto; pero poco le quedaba, si no le mataba el veneno lo harían las bestias que poblaban la isla.
Ese iba a ser el destino de todos aquellos invasores, un destino cruel...